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Escuchar, es la manera

Finalmente el que escucha es escuchado también

Publicado: jueves, 16 de octubre de 2014

Escuchar, es la manera. Finalmente el que escucha es escuchado también

Iba camino a una reunión por trabajo, como me gusta llegar puntual, aunque sea un anacronismo al menos por estos lugares, siempre viajo un poco antes. El centro de la ciudad era un caos, un corte por reclamos sociales y las calles angostas…

Estacionar lejos para poder no sólo entrar sino luego poder salir, caminar hace bien en estos días que no es tanto el calor del cemento aún y de paso tomar algunas fotos.

Hay edificios increíbles como el de la Fundación Litoral, pero sucede que en medio de los otros edificios más nuevos, se pierde, y es muy complicado fotografiarlo, pero si pueden pasar por calle Sarmiento y Santa Fe, uno de estos días, y nunca lo han hecho… Les recomiendo dedicar unos pocos segundos aunque sea a esa construcción.

Y allí estaba intentando alguna toma que me dejare conforme y se me acerca un hombre muy mayor con un cigarrillo que no encendió hasta seguir su camino pero con el cuál jugueteaba entre las manos todo el tiempo.

¿Te gusta ese edificio? me dijo, hay otro muy lindo en Rioja y Mitre donde ahora hay una casa de cambio me comentó y me dijo algo de los docentes, que no pude retener pero si pude disfrutar la descripción de la obra que se había hecho allí en ese lugar. Como que él había seguido las remodelaciones a través del tiempo y parece que le asombraba mi interés por retratar estas sencillas maravillas de nuestra ciudad que los rosarinos por lo general prestamos poca atención o simplemente ignoramos.

La charla fue muy interesante y no viene al caso en definitiva, ya que el motivo de todo esto, es reparar en la importancia de escuchar. En definitiva de eso se trata y muy por el contrario a otras personas con las que he conversado, a este señor, le interesaba también escuchar lo que yo tuviese para decir.

Compartimos en definitiva algunas consideraciones sobre estos edificios que suelen ser declarados patrimonio de la ciudad en algunos casos pero que muchas veces son demolidos sin rescatar ni siquiera la fachada para plantar edificios más económicos y con más rentabilidad.

Este buen señor me acompañó mientras conversábamos hasta la puerta del lugar donde yo iba a reunirme por trabajo.

Definitivamente, yo creo que Dios, aunque es válido suponer también que es la vida misma, es quien nos pone la oportunidad humana de escuchar e ir más allá de nuestros intereses inmediatos. Seguramente para este señor habrá sido como para mí una interesante experiencia esta de hablar con un completo desconocido sobre algo que compartimos, él desde hace mucho más tiempo que yo, la misma ciudad y en alguna manera, una historia común más allá de las circunstancias particulares de cada uno. Por momentos me recordó a mi querido amigo el Colo Vennera por la forma de expresarse…
¿Quién era este señor? Ni idea, ni él sabrá quién soy yo. Pero eso no importa… ¿acaso importa? No para nada. Como tampoco importa para nada como se llama esa persona que debiéramos socorrer en una situación de emergencia. Salvando las distancias es lo mismo. Insisto, es la oportunidad de escuchar, de ir más allá del propio ombligo…

Es que escuchar es eso que podemos dar cuando no nos mueve ningún interés sobre el otro. Si era una mujer linda, ya se hubiese estado teñido de deseo probablemente… si hubiese sido alguien que uno siente afecto, ya hubiese estado teñido por ese sentimiento.
Los seres humanos solíamos ser más así como fuimos este señor y yo en ese momento, es decir capaces de comunicarnos, en persona, sin mediar más propósito que la comunicación misma. Que el intercambio de experiencias, pensamientos y opiniones.

Pero como en todo… para poder conseguir algo es necesario empezar a darlo…
Quien se afana en ser escuchado, no escucha y por eso, hace monólogo y la gente se aleja porque una conversación siempre es un intercambio, y si no lo es, en ese mismo momento sella su destino y deja de ser un diálogo.

La disposición desinteresada a escuchar finalmente es relajante…

Como si se tratase de un viejo sabio, de un ángel o maestro, este buen hombre, con quien conversamos, me hizo olvidar la tensión por esa reunión y realmente estuve tan tranquilo que al salir de la misma, no me sucedió como en otras ocasiones, que he salido pensando si fue todo lo correcto y esperado, sino que salí con una sensación de seguridad de haber expresado lo necesario con claridad y sin dejar lugar a dudas.

Sea Dios, como yo creo, o sea la Vida como pudiesen creer otras personas… o sea lo que sea que usted leyendo ahora crea… prestar atención a los otros y brindar lo que uno pueda dar en la ocasión que se presente siempre siembra una tranquilidad al alma, el espíritu o la mente…

Finalmente el que escucha es escuchado también, de eso se trata de un diálogo, sea entre amigos, conocidos o simples desconocidos como les acabo de relatar aquí.

Pero entre amigos o enamorados es fácil conversar horas y horas… pero cuando es alguien que uno no conoce y si es mayor, muy por el contrario a lo que sucedía en otros tiempos, se suele escapar a esa situación, cuando en otras culturas o tiempos era todo un privilegio poder escuchar a los “viejos” contando sus historias…

¿Cuántas veces he pasado apurado por esa esquina u otra y ni siquiera a un amigo he visto…?

¿Cuántas cosas nos perdemos urgidos por este estilo de vida desagradable que hemos adoptado los seres humanos donde cuál máquinas nos movemos entre luces y sombras, sin ver, sin pensar y tantas veces sin escuchar, a nadie…?

Marcelo Zamora, 16 de octubre de 2014

Fotos

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